Evolución del curriculum en Costa Rica.[1]

Esta pequeña reflexión no pretende ser “sería” teóricamente hablando, en tanto no he realizado la investigación necesaria para establecer con certeza las fechas de la evolución.

Como un sistema de producción capitalista primitivo, dominado por un sistema de acumulación y reproducción débil (tanto en lo económico como en los métodos y medios de dominación social), nuestro país avanzó lentamente hacia la construcción de un sistema educativo como herramienta de un proyecto hegemónico político y cultural.
Entre 1870 y 1930, el sistema educativo costarricense se centró en la formación de una identidad nacional y del “ciudadano ideal”, un proyecto político liberal necesario para dar legitimidad social a las instituciones y al mismo tiempo para dar estabilidad social que sirviera de sustento para la construcción del proyecto económico liberal.
Además, en ese mismo período inicia la expansión del sistema educativo tanto cuantitativamente (surgimiento de un sistema de formación secundaria de mayor alcance) y cualitativo (se estructuran más lo planes de estudio y se supera el dominio de lo cotidiano, como la enseñanza de habilidades sociales supuestamente necesarias).
Entre 1930 y 1950, la educación sufre los efectos de las crisis económica y la se vuelve escenario de lucha ideológica-partidaria, no obstante, no surgen cuestionamientos estructurados al sistema educativo como organismo. Aunque hay grandes aportes individuales de maestros como Saenz, Lyra, CALUFA, Brenes, Facio, etc.
Ya para 1950, con el proceso de instauración del proyecto Socialdemócrata liderado por Liberación Nacional, la élite política y los intelectuales orgánicos (en términos de Gramsci) dirigen sus esfuerzos a utilizar el sistema educativo como herramienta básica para la concreción del modelo económico de capitalismo regulado.
En ese modelo económico, se inicia la conceptualización del curriculum desde un enfoque técnico, situación que sería ampliada a partir de 1960 con la Alianza para el Progreso y la formación del Mercado Común Centroamericano.
Con la llegada de asesores estadounidenses y la apertura de becas de formación académica en Estados Unidos, nuestro sistema fue adquiriendo una élite “profesionalizada” de educación que lideró la implementación de un curriculum centrado en los objetivos y un sistema educativo al servicio de los intereses empresariales, siendo un ejemplo la creación del Instituto Nacional de Aprendizaje.
Entre 1970 y 1980, y como consecuencia de las olas pedagógicas llegadas desde Europa y Estados Unidos, así como el resurgimiento de cuestionamientos políticos-económicos al modelo económico, surge una visión curricular práctica, que permite la inclusión de nuevos factores-elementos y la revisión de fuentes y sustentos epistemológicos.
Este proceso se refleja en la apertura de nuevas formas de evaluación, al punto de permitir la graduación por área de interés (ciencias y letras) e incluso en la aparición de alternativas pedagógicas (UNA, ITCR, UNED, Colegios Técnicos, Colegios Científicos, etc).
Sin embargo, con la llegada de la crisis económica de inicios de 1980 y la instauración del modelo político-económico neoliberal, los intelectuales orgánicos del neoliberalismo continúan con la implementación de un curriculum práctico siempre y cuando el sistema en general responda a los intereses económicos.
Paralelamente, impulsa una reorientación a sustentos técnicos con el objetivo de llevar la filosofía de mercado total al sistema educativo, esto mediante la fragmentación de las escuelas (entiéndase preescolar, primaria y secundaria) por departamentos, como una empresa, la construcción de un sistema de selección darwinista académica (reimplantación de pruebas de bachillerato) y sistemas cotidianos (trabajo en el aula, trabajos extra clase y exámenes de cada asignatura) academicistas y de habilidades únicamente memorísticas.
Es decir, mientras que el sistema se promueve a lo externo como históricamente contextualizado, relacionado con sus medios sociales, inclusivo (con adecuaciones y otros “recursos”), a lo interno genera un sistema educativo con valores empresariales de competencia, individualismo y rendimiento.
Es claro que, un sistema donde sólo 3 estudiantes, de cada 10 que inician primer año de escuela, logran graduarse de bachillerato mantiene sistemas de evaluación más dirigidos al control y la medición.
Lastimosamente, el panorama es oscuro para el futuro cercano, ya que la discusión sobre evaluaciones progresistas o críticas no han sido lideras por los sectores pedagógicos y sociales del país, incluso es preocupante que la mayor reforma evaluativa de inicios del siglo XXI haya sido un producto aislado de la clase dirigente neoliberal.
Eso será un tema para una futura reflexión.

toruño

[1] Esta reflexión surge del análisis que hace Alicia de Alba sobre México. De Alba, Alicia (1991). Evaluación curricular. Conformación conceptual del campo. México: UNAM.

Acerca de Sortilegios Educativos

Este es el sitio oficial del proyecto Sortilegios Educativos además, el sitio servirá para la difusión de reflexiones sobre la realidad educativa nacional y regional, desde una pedagogía crítica, difusión de proyectos (propios y de otras organizaciones) para la construcción de una educación alternativa, la generación de debates e intercambios de opiniones sobre la realidad del sistema educativo costarricense, entre otros.
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