La mayoría de los adolescentes costarricenses, entre 12 y 20 años, se han desarrollado bajo la influencia de los medios masivos de comunicación y sus mensajes pro consumismo e individualista.
Hoy en día, nos encontramos frente a una mayoría de jóvenes que han aceptado, consciente o inconscientemente, las reglas del mercado y el sistema del darwinismo social, donde el trabajo se convierte en la herramienta vital, ya no para sobrevivir en una sociedad capitalista sino más bien para convertirse en un consumidor masivo.
Nuestro sistema educativo lo educa para trabajo, desde Colegios Técnicos hasta cursos de inglés y computación, pues en su lucha darwinista social el joven que egresa de la secundaria debe tener las destrezas necesarias para el proceso de producción (Gimeno, 2000. p, 27) muchas veces al costo de sacrificar la formación de un ser humano integral.
Este proceso es impulsado por los grandes intereses políticos y económicos, en el primer caso por cuanto la formación de estos trabajadores-consumidores, sustitutos de la vieja ciudadanía político-social, crea una generación joven despolitizada para eliminar cualquier búsqueda de una alternativa política-económica (Jiménez, 1991) pues los consumidores ya “no necesitan asociarse políticamente para defender proyectos” (Gimeno, 1998a, p. 324)
Como bien advierte Lichstenztejn (1988, p. 128) “La sociedad deja de concebirse como constituido por ciudadanos soberanos para convertirse, fundamentalmente, en la reunión de consumidores soberanos”, cuestión que podría ser analizada para el caso de la discusión del TLC, en donde temas como el derecho a escoger, eficiencia en el servicio, generación de empleo y otros, tuvieron más importancia (para ciertos sectores de la población) que la discusión sobre el derecho humano a… o el derecho de la comunidad a…
Lo anterior responde a una ciudadanía neoliberal opuesta a la visión socialdemócrata de una ciudadanía políticamente activa, con garantías sociales e individuales, capaz de ubicar al ser humano en el centro de toda política y acción pública, a tal punto que;
“los derechos políticos (tal como son) pueden permanecer, pero su alcance está restringido por las regulaciones que el mercado toma de la regulación directa que ejercen las agencias estatales, y el juicio del mercado pesa en la conducta de los Estados, mientras que los derechos sociales de la ciudadanía (allí donde existen) son apartados como una provisión que a través del mercado reemplaza las prestaciones directas o indirectas de los Estados” (Hindess, 2002, p. 131)
Así mismo, Tomayo (2003, pp. 752-753) destaca que la formación de este ser humano neoliberal se sustenta en: Libertad individual como valor absoluto, libre iniciativa como despliegue de la libertad individual, competitividad feroz y agresiva, culto al dinero, concepción insolidaria de la existencia humana, darwinismo social y el altruismo no es asunto de política social.
Es decir, en este Estado Neoliberal la visión ontológica de ser humano es un consumidor contextualizado en una sociedad de mercado, bajo las reglas y demandas del libre comercio, se le visualiza como un individuo en eterna competencia lo que le impide (o le exige) deshabilitar lazos sociales para poder ser competitivo en la lucha darwinista social, claro está, acrítico y apolítico para que pueda legitimizar los proyectos económicos-políticos de los grupos de presión económica nacional e internacional.
Todo esto se da con una visión del centro educativo descontextualizado (Tomayo, 2003, pp. 750-751), es un proceso de desterritorilización que realiza una ruptura drástica en la red de interacciones sociales (Bokser; Salas, 1999, p. 28) destruyendo, de esta manera, la visión griega clásica de un ciudadano en su polis.
Se establece, de este modo, al individuo en una selva social donde sacrificará hasta su propia humanidad en los altares de la globalización neoliberal y su credo económico (Tamayo, 2003, pp. 748-751) puesto que la subjetividad de mercado “requiere construir personalidades con deseo por consumir e individuos con espíritu competitivo y afán de enriquecerse sin límites” (Torres, 2003, p. 219), lo cual nos somete a la discusión sobre las posibilidades reales de una construcción de una sociedad de mercado, pues esto implicaría la reducción del ser humano a una mercancía (Ibisate, 2004, p. 1262).
El Neoliberalismo intenta fundar una nueva escuela, regida por las reglas del mercado, la cual sería un actor fundamental en la legitimación e implementación de una nueva concepción ontológica y epistemológica una ciudadanía que asuma los valores del mercado frente al viejo modelo solidario.
En este sentido, y aplicado al proceso neoliberal en España, Gimeno nos menciona algunas características de ese alumno convertido en “consumidor de productos” (Gimeno, 1998a, p. 294), entre ellas están:
“prevención del fracaso, eficiencia, miedo a la violencia y a las drogas, miedo al emigrante, derecho a elegir lo que cree uno que es más conveniente para sus intereses, ascenso individual, educación para el mercado de trabajo, educación extracurricular ampliada, ineficiencia de lo público, etc.” (Gimeno, 1998a, p. 293)
Debemos de recordar que, durante la décadas de 1980 y 1990, se dan cambios en los diseños curriculares del sistema educativo costarricense para forjar un trabajador bilingüe y alfabetizado tecnológicamente que cumpliera los requisitos de la anhelada inversión extranjera al mismo tiempo que, paralelamente, se incrementa la visión de la educación como un sistema de transmisión de contenidos.
No es de extrañar que, entre 1985 y el año 2000, surgieran aislados focos de resistencia y/o protestas de la sociedad civil mientras que, paralelamente, aumentaba el abstencionismo en elecciones nacionales y surgía una oposición pasiva-resignada a los cambios económicos-políticos neoliberales.
En el año 2000 se dan las protestas por el denominado “Combo ICE”, que significaron un breve renacer de estos fenómenos sociales pero, la resistencia de la sociedad civil como participación ciudadana proactiva, tomaría su mayor accionar contra las políticas del Estado Neoliberal con la oposición a la aprobación del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos-Centroamérica y República Dominacana.
Estos últimos fenómenos son excepciones en una sociedad que ha sido, intencionalmente, dirigida a la despolitización, por citar el caso del TLC, a pesar de ser el proyecto más discutido en toda la época neoliberal y de generar la mayor polarización social en la historia de la Segunda República, el abstencionismo en el referendo fue poco menos del 40%.
En la reflexión, analizaré brevemente el fundamento pedagógico del Neoliberalismo en la construcción de una nueva ciudadanía.
Como siempre, un abrazo
Toruño
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