Este enfoque, también denominado “pedagogía por objetivos”, “hunde sus raíces en el movimiento utilitarista en educación de comienzos del presente siglo en los Estados Unidos de América, en paralelo al auge que la aplicación del enfoque taylorista está tendiendo en la industria, mostrando sus posibilidades para aumentar la cantidad y calidad de la producción industrial” (Gimeno, 1997, 15)
Es decir, es un enfoque que extrapola los conceptos capitalistas de desarrollo empresarial al sistema educativo, entre estos conceptos es necesario entender la concepción de evaluación y calidad de educación “interpretada en términos de eficacia y ésta significa respuesta rápida, precisa y económica a las presiones sociales” (Gimeno, 1997, p. 22)
Como he desarrollado en artículos anteriores, en un sistema neoliberal el enfoque Técnico significa el mayor sustento para la implementación de los ideales capitalistas en la institución educativa, no obstante; es necesario desarrollar (en el presente artículo) algunas de las características de la evaluación técnica o tecnológica.
Según Tyler (1973, p. 109) “El proceso de evaluación significa, fundamentalmente, determinar en qué medida el currículo y la enseñanza satisfacen realmente los objetivos de la educación” (Tyler, 1973, p. 109). Tal definición rescata la alta influencia del paradigma conductista situación lógica pues a nivel psicológico es el equivalente de los paradigmas Fordianos.
En las siguientes líneas Tyler aclara que, su concepción de evaluación, implica el análisis de la conducta del alumno y, además, que la evaluación no puede ser limitada a un momento determinado sino más bien se debe de realizar al principio y al final del proceso, e incluso sugiere un seguimiento para verificar la permanencia u olvido de los conocimientos.
Además, esta evaluación ,según Tyler (1973, pp. 113-ss), se subdivide en las siguientes etapas:
1. Definición clara, por parte del curriculista, de los objetivos de conducta.
2. Identificar las evaluaciones que permitan, al estudiante expresar, la conducta esperada.
3. Examinar los instrumentos de evaluación para verificar si en realidad sirven al propósito de evaluación.
4. Obtener un registro de la conducta.
5. Decidir sobre las unidades por emplear para evaluar el registro de conducta.
6. Verificar la objetividad y confiabilidad de los instrumentos usados.
Un error común es relacionar la propuesta Tyleriana con un sistema únicamente memorístico de corto plazo, no sólo por que el enfoque de evaluación tecnológico responde a la evaluación de destrezas y habilidades (fenómenos conductuales y medibles) solicitados por la sociedad y las necesidades psicológicas que los instructores y diseñadores creen que tiene el estudiante, en tanto “El análisis de las experiencias de aprendizaje se propone verificar si se relacionan con los objetivos adoptados y satisfacen otros importantes principios psicológicos, en la medida en que se los puede precisar” (Tyler, 1973, p. 107)
Es importante rescatar la advertencia de Tyler (1973, p. 119):
“Es necesario dejar bien sentado que, en lo que respecta a casi todos los propósitos de la evaluación de la conducta humana, debe partirse de una síntesis analítica, antes que simple calificación numérica…Los resultados de este tipo de síntesis analítica que señala los aciertos y los errores resulta, desde luego, muy valiosa para mejorar el currículo; ella significa que debe perfeccionarse el planeamiento de la evaluación antes de calificar y clasificar. Toda decisión con respecto a estos puntos aparece como imprescindible al elaborar un programa de evaluación” (Tyler, 1973, p. 119)
Es decir, el propio Tyler rescata la importancia de hacer una evaluación que supere la simple estandarización numérica de los estudiantes, pues la evaluación debe servir para tomar decisiones sobre los errores y virtudes del proceso.
Por tanto, debemos de reivindicar que la evaluación tradicional aplicada por docentes (exámenes) y por el MEP a través de las pruebas de Bachillerato no responde a un enfoque tecnológico de evaluación. No es mi intención defender la evaluación tecnológica pero es necesario destacar que en Costa Rica se ha creado un sistema de evaluación con fachada técnica pero que en el fondo responde a prácticas subjetivas, espontáneas y desestructuradas, con severas deficiencias en la claridad de objetivos e instrumentos y altamente incoherentes entre el aspecto ontológico y el epistemológico.
Si siguiéramos el precepto tayleriano de que “la evaluación tiene por objeto descubrir hasta qué punto las experiencias de aprendizaje, tales como se las proyectó, producen realmente los resultados apetecidos; por lo tanto, supone determinar tanto los aciertos como los defectos de los planes” (Tyler, 1973, p. 108) y la consecuente toma de decisiones para efectivizar el proceso, nuestro sistema educativo tendría sistemas de evaluación que permitirían mejorar la eficiencia del sistema, no obstante, nuestro sistema aplica un “sistema de evaluación” que no tiene claridad en sus procesos y objetivos y que, por tanto, no puede servir para la toma de decisiones.
Pero este último tema, debe ser abordado en la siguiente reflexión.
Un abrazo
toruño
Bibliografía
Gimeno, J. (1997). La Pedagogía por objetivos: obsesión por la eficiencia. España: Morata.
Tyler, R. (1973). Principios básicos del currículo. Argentina: TROQUEL
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