José Reynold Quintanilla.
A menos de un mes para que los estudiantes que cursan el Bachillerato por Madurez en los Programas de Educación Abierta para Jóvenes y Adultos realicen las ansiadas pruebas es necesario preguntarse ¿están bien preparados? ¿responden estos programas a sus necesidades? Resultaría fantástico responder positivamente a estas interrogantes, sin embargo, se debe ser crítico y argumentar con toda seguridad que resulta risible pensar que en un lapso de seis meses (marzo a agosto) se logre desarrollar todos los contenidos presentes en los programas de estudios de décimo y undécimo año. Apegado a esta realidad encuentro complicado que un estudiante en menos de medio año interiorice o mejor dicho memorice (así lo exige el sistema) la amplia carga curricular presente en los programas de educación diversificada que serán evaluados en el examen.
Recientemente integrado a los Programas de Educación Abierta para Jóvenes y Adultos como profesor de estudios sociales encuentro inaudito concebir que un país que se vanaglorie a viva voz sobre su estatus educacional no apueste a una seria política educativa que revalorice la necesidad de crear condiciones adecuadas a todos los estudiantes y no solo a un grupo. Las personas adultas y los jóvenes excluidos de los demás programas educativos que suman la mayor cantidad de personas matriculas en estos programas adversan una serie de dificultades socioeconómicas, afectivas y frustraciones que no los exime del derecho a recibir una educación de calidad con proyectos curriculares propios adecuados a sus necesidades donde el tiempo no constituya un obstáculo para desarrollarlos.
Si bien es cierto los Programas de Educación Abierta para Jóvenes y Adultos se convierten en una oportunidad importante de acceder a la educación (sino la última) para buena parte de la población, es cierto también, que ganar el bachillerato se convierte en una carrera injusta y desleal contra el tiempo; llenarse de paciencia constituye la lógica para no desesperar. Y ni qué decir del gasto económico que representa.
Para esta población matricular los exámenes constituye un reto de tipo académico como económico, cada examen cuesta 3 500 colones, un total de 21 100 colones para las personas interesada en matricular las seis materias de una sola vez (estudios sociales, español ciencias, matemáticas, inglés y formación ciudadana). A esto se le debe sumar el precio de los doce libros de texto del maestro en casa editados por el ICER (dos por cada materia impartida) libros que se han dejado de usar de forma obligatoria pero que siguen constituyendo la fuente con la que se redacta los ítems de los exámenes a pesar de su escueta información; cada libro tiene un costo de 4500 colones, un total de 54 000 colones para aquella personas que estén interesadas en adquirir el material original, sobra decir que muchos optan por no comprar todos los libros o por adquirir una copia a un precio inferior.
El desembolso de 75 100 colones que conlleva la matricula de exámenes y la compra de los libros constituye un reto para una familia humilde, un esfuerzo considerable sin lugar a dudas y la mala noticia de todo esto es que no todos los que matriculan los exámenes ganan la nota mínima para aprobar en la primera convocatoria debido en gran medida a la falta de preparación, por lo tanto, el pago de más exámenes se hace necesario, convirtiéndose en un círculo vicioso o un negocio sucio como lo quieran ver.
Es doloroso como docente contemplar cómo se derrumban poco a poco las ilusiones, “el no puedo”, “el que voy hacer”, “nunca voy a poder ganar ese examen” constituyen expresiones comunes entre aquellas personas que sacan un rato de sus apretadas agendas familiares, laborales y comunales para emprender la tarea de estudiar, un acto admirable; personas alejadas de las aulas hace más de quince años y jóvenes desplazados de los colegios diurnos salen a luchar por un futuro mejor que parece cada vez más difícil.
Las ansiadas ganas de superación no deben ser opacadas por la mala planificación y el olvido histórico que estos programas han sufrido por parte del MEP, que está más interesado en promocionar la trimestralización, los proyectos de ética estética y ciudadanía y la educación técnica que posibilita la creación de obreros calificados que en crear regulaciones que mejoren la calidad, cobertura y diseño curricular de la educación abierta.
En conclusión se puede decir que los Programas de Educación Abierta para Jóvenes y Adultos no son atendidos con la seriedad del caso, entre otras cosas, se debería de eximir del pago de exámenes y libros a las personas con mayores necesidades económicas. Se debe encontrar una pronta solución a los obstáculos que enfrenta la población matriculada en estos programas como ampliar los periodos lectivos ya que evidentemente tres lecciones de Estudios Sociales, Español, Matemática…por semana durante seis meses no son suficientes para completar debidamente los programas de estudios ¡Somos profesores no magos! Además a esto se deben desarrollar capacitaciones docentes en andragogía, los adultos no aprenden igual que los jóvenes un tema evadido tanto por el MEP como por las universidades que forman los educadores. Es necesario entender que los estudiantes de Educación Abierta merecen una educación de calidad no una carrera contra el tiempo.
yo trabajo en Eduacion Abierta, y efectivamente es una carrera contra el tiempo, es imposible profundizar en todos los contenidos, porq si se profundiza en uno, no se puede impartir otro (DE FORMA SUPERFICIAL). falta mas tiempo pero por ahorrarse el salario de algunos profesores, que por cierto casi no tenemos trabajo, sacrifican a los estudiantes que utilizan esta modalidad, desmotivandolos porq ademas de que no entienden, tienen que invertir dinero que casi no tienen, y la solucion para ellos es dejar de asistir, cuando se supone que esos proyectos son para ayudar a personas que no tuvieron la oportunidad de estudiar en un colegio diurno y se superen academicamente, dandoles asi mas oportunidades de mejorar su calidad de vida. sin embargo la realidad es otra, ya que yo comence impartiendoles clases a grupos de casi 30 personas, y a estas alturas solo me llegan de 3 a 5 estudiantes.
es dificil para los estudiantes y tambien para uno como docente