Educación religiosa, ¿para qué?

José Mario Méndez Méndez[1]

jmariomendez@gmail.com

 

En el debate actual sobre la educación religiosa en Costa Rica se pueden identificar al menos cuatro posturas: la de quienes consideran que la escuela pública debe prescindir de toda forma de  educación religiosa; la de quienes creen que la educación religiosa debe mantenerse en la escuela y debe, además, conservar su carácter católico; la de quienes optan por una educación religiosa ecuménica, capaz de acoger los aportes de las tradiciones religiosas de quienes participan en los procesos educativos; la de quienes proponen una educación religiosa entendida como conocimiento crítico de las distintas tradiciones religiosas, orientado a identificar y valorar en ellas posibilidades para humanizar la convivencia, sin que importe si las personas que participan en los procesos educativos son o no creyentes.

 

Esta última postura parece ser la más adecuada para la escuela pública de Costa Rica, por ser este un país cada vez más multirreligioso y porque en nuestro contexto cada vez más personas dirigen sus búsquedas de sentido hacia “lugares” que están fuera de las religiones. Se trata de una educación religiosa que se hace cargo de las creencias y de las no creencias de las personas.

 

Y…, ¿para qué?: Para aprender a comprender críticamente y de forma propositiva el fenómeno religioso en Costa Rica y en el mundo; para identificar y valorar las posibilidades humanizantes de las tradiciones religiosas presentes en el país; para discernir los elementos deshumanizantes de tales tradiciones;  para mejorar la convivencia cotidiana, en la escuela y fuera de ella, de personas con distintas referencias religiosas y personas “no creyentes”; para comprender la forma en que las tradiciones religiosas han determinado a las culturas costarricenses; para aprender a respetar y valorar las razones para creer y las razones para no creer de quienes conviven en los ambientes educativos y en su entorno; para valorar las distintas miradas creyentes y no creyentes sobre la realidad, sobre el ser humano, sobre la vida, la muerte y la convivencia humana; para aprender a superar todas las formas de discriminación, especialmente aquellas originadas en la creencia o no creencia de las personas; para promover, desde las creencias y no creencias, un compromiso de lucha conjunta por causas compartidas como la paz, la justicia, la defensa del medio ambiente; para superar los dogmatismos religiosos y no religiosos que nos impiden establecer relaciones de paz.

 

No es necesario eliminar la educación religiosa de la escuela púbica. Pero sí es impostergable transformarla en un ejercicio de convivencia, de producción de saberes fundados en el diálogo, en el conocimiento crítico de las tradiciones religiosas, y en experiencias de aprendizaje orientadas a humanizar la convivencia. La Sala Constitucional ha solicitado al Ministerio de Educación Pública modificar los planes de estudio de Educación Religiosa y considerar otro perfil de la persona educadora. Este es un buen momento para iniciar un diálogo honesto e inclusivo orientado a convertir la educación religiosa en un espacio inclusivo, del que nadie tenga que ausentarse (como sucede con cerca del 40% de los niños, niñas y adolescentes de este país) por causa de su creencia o no creencia.


[1]   Académico de la Escuela Ecuménica de Ciencias de la Religión, UNA.

Acerca de Sortilegios Educativos

Este es el sitio oficial del proyecto Sortilegios Educativos además, el sitio servirá para la difusión de reflexiones sobre la realidad educativa nacional y regional, desde una pedagogía crítica, difusión de proyectos (propios y de otras organizaciones) para la construcción de una educación alternativa, la generación de debates e intercambios de opiniones sobre la realidad del sistema educativo costarricense, entre otros.
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