Debo iniciar salvando un poquito de mi conciencia: la siguiente propuesta tiene matiz reaccionario que va en contra de los principios pedagógicos que hemos defendido, desde este espacio, desde los dos últimos años, pero por las ventajas pragmáticas que tendría, y ante la casi nula posibilidad de una transformación profunda en la evaluación en el futuro cercano, procederé a esbozar esta idea con el único objetivo de generar un debate.
Nuestro sistema educativo tiene un colapso organizacional producto de las malas decisiones administrativas y pedagógicas tomadas por gobiernos de turnos y, en muchos casos, avaladas por sindicatos y el COLYPRO.
La mayor muestra de su colapso se da cada inicio de curso lectivo pues, ante la inserción de los famosos 200 días lectivos, las segundas pruebas de convocatoria o aplazados se realizan una semana antes del ingreso a clases o, incluso, en algunos centros educativos se realiza en la misma semana de ingreso.
En ese escenario, principalmente en los colegios, siempre se realiza un desorden administrativo pedagógico que se extiende por dos o tres semanas, en el cual los directores(as) de los centros educativos, junto al personal administrativo, inician una faraónica tarea de cerrar listas de grupos, crear nuevos grupos (si muchos estudiantes pasaron la convocatoria o la reprobaron) y cierre de otros (por ejemplo, si se proyectó 6 novenos pero en la convocatoria no pasaron suficientes y sólo se abrieron 5). Con un desgaste físico, mental y social, las direcciones se vuelven centros de guerra donde estudiantes están apelando resultados de convocatoria, docentes pelean para tener horarios definidos y cómodos y, por si fuera poco, las direcciones regionales solicitan información y presionan para el desarrollo de clases normales.
Durante el mes de febrero, primeras tres semanas de clases, es normal que un colegio realice entre 3 y 7 horarios, por lo que los docentes y estudiantes no terminan de tener certeza sobre su horario hasta finalizar el mes. Igual caso sucede con las listas de grupos, en algunos casos aún en la primera semana de marzo se están entregando lista de estudiantes a los docentes.
Todo este caos es generado por la ampliación del curso lectivo sin tomar en cuenta la semana de convocatoria de febrero, por lo que ambos factores chocan y generan este hoyo negro administrativo cuyo efecto real es la pérdida de, al menos, 10 días de clases y una tensión entre el personal administrativo y docente.
A lo anterior, se suma la complejidad del adelantamiento de materias, acción pedagógica cuya aplicación administrativa ha generado intensos debates pues establece una distribución de horarios compleja en la que, en la mayoría de casos, decenas o cientos de estudiantes se encontrarán con “huecos” de lecciones (espacios libres entre lecciones).
Ante tan compleja circunstancia, propongo, quijotescamente, la ELIMINACIÓN DE LA SEGUNDA PRUEBA DE CONVOCATORIA A REALIZARSE EN FEBRERO, medida que sería válida desde el curso lectivo 2012 y cuya primera aplicación sería a finales del 2012 y 2013.
En dicho cambio, que debe realizarse en el reglamento de evaluación del MEP, se establecería que los y las estudiantes sólo podrán optar por una prueba de convocatoria o aplazados a realizarse la primera semana de diciembre. Por ser una única opción, se establecería, en el mismo reglamento que sus temarios serán trimestrales.
Con esta medida, los docentes ganarían dos cosas fundamentales: eliminación de una segunda prueba de convocatoria (elaboración y revisión) y, en segundo lugar, asegurarse que la dirección de la institución tendrá, en la segunda semana de diciembre, los resultados definitivos de convocatorias y, por ende, podrá realizar la conformación de grupos y la asignación de horarios, permitiendo que, desde el primer día del curso lectivo 2013, los y las educadores(as) posean su horario definitivo.
Administrativamente, saturaría un poco de trabajo a los y las administrativos al final del curso lectivo pero, a diferencia de la situación actual, les permitiría iniciar el curso lectivo sin presiones, generando un mejor ambiente de trabajo y permitiéndoles atender circunstancias más importantes de la vida cotidiana de los centros educativos.
Para el estudiantado, el gran afectado con esta propuesta, perderían un “chance” para pasar la materia, pero el perjuicio provocado por esta decisión se compensaría con una observación a las ventajas evaluativas que han obtenido durante los últimos cuatro años, los cuales incluyen: adelantamiento de materias, posibilidad de seleccionar las materias a las que irá a convocatoria (si superan las 4 materias reprobado), nueva evaluación en ciertas materias (Educación física, Cívica, Música, Plástica, etc) y un mejor control en la aplicación y apelación de pruebas (que incluye la consolidación de la defensoría estudiantil del MEP, ahora llamada Vida Estudiantil).
Obtendrían, como beneficio general para todos y todas, la posibilidad de iniciar el curso lectivo en el tiempo real, con horarios definidos y secciones conformadas, lo cual podría mejorar los procesos de enseñanza (situación que depende del control pedagógico).
Insisto, esta es una medida pragmática dirigida a solucionar los problemas administrativos de las instituciones que afectan, directa e indirectamente, los procesos pedagógicos. Es una solución administrativa cuya aplicación no implica, ni exige, alejarse del proceso de discusión, reflexión y transformación de los procesos de medición (llamados comúnmente de evaluación) establecidos por el MEP.
Un abrazo
César Toruño
César, no quiero quitarte méritos, pero precisamente esa propuesta la vengo haciendo desde hace varios años, lo que pasa es que es difícil cuando los sindicatos toman decisiones por todos sin tomar en cuenta criterios razonables y lógicos. Considero que pedagógicamente no tiene sentido cansar a un estudiante durante su período de vacaciones para que apruebe un examen que le hará ganar lo que durante todo un año no ganó. Ese estudiante pasa las vacaciones estresado, los padres de familia tienen que hacer un desembolso económico extra pues deberá pagar profesores privados y a fin de cuentas llega cansado al siguiente curso lectivo. Se fomenta precisamente con ese segundo examen una actitud de irresponsabilidad durante el año, pues se tiene casi la certeza de que van a ganar esa segunda convocatoria , muchas veces incluso porque el docente le regala la nota! En lo personal, considero que es más importante fomentar valores y hábitos en un ser humano que ser una simple máquina de conocimiento. Para quien ha tenido durante el año la oportunidad de superar sus calififcaciones y no lo hizo… una única oportunidad es más que suficiente. Incluso podría bien ser un trabajo extraclase lo que le haga ganar el año, o alguna actividad que realmente deba asumir con responsabilidad y que le deje una verdadera enseñanza tanto a él como a los padres de familia. Es necesario que los padres también asuman su responsabilidad. Desde el punto de vista administrativo sí creo que es la “pomada canaria” , tanto para los administrativos como para los docentes…debe ser sabroso, disfrutar las vacaciones sin estar pensando que de primera entrada tiene que ir a hacer exámenes y papeleos. Simple y sencillamente, es un cambio lógico y justo para todos, como lo hubiese sido los descansos entre cada período. No se trata acá de querer “CASTIGAR ” al estudiante, se trata de hacerle asumir una actitud de responsabilidad tan necesaria para todo ser humano que en un futuro se debe incorporar a un trabajo que le exigirá más que conocimientos: puntualidad, responsabilidad, habilidades para relacionarse con otros, etc. El sistema de evaluación no necesariamente debe cambiarse por completo, sí creo que debe ser más flexible , se le debe dar autoridad y credibilidad al docente para realizar las pruebas que considere necesarias: pruebas cortas, repetir un examen a un grupo de alumnos , no a todos, dejarse de tanta pendejada con eso de los cuadros de balanceo….ni siquiera en la U los utilizan, esos cuadros de balanceo son una pega de chorizo…antes no se hacían y creo que los estudiantes salían mejor!
De acuerdo, es necesario definir reconfigurar el escenario de las pruebas. Lo que pasa es que a los colegios nos estan llegando estudiantes, que carecen de buenos fundamentos. Por ejemplo, en matemática, no se saben las tablas de multiplicar, no reconocen la diferencia entre área y perímetro, Sobre fracciones no saben que cuatro cuartos equivalen a la unidad, ni si un metro equivale a 100 centímetros y mucho menos resolver problemas. Todo el andamio de constructos prelógicos, viene alicaido o no tiene buen piso. El asunto no es de culpar a los maestros por su escasa formación matemática en las universidades. A lo sumo llevan 1 o 2 cursos para su formación. La raíz anda mal. Hay universidades que no los capacitan para su verdadera función. Las discusiones sobre evalución, sobre si es una o dos pruebas, si ponemos cuadros de balanceo, si sólo dejamos problemas, o los quitamos de los éxamenes, dejan de tener un sentido, si no abordamos el problema desde la construccion de un teoria pedagogica consecuente con nuestra realidad educativa. Alumnos que salen de quinto año, no saben resolver problemas de matemática, no saben interpretar un instrumento musical, no sostienen una conversación en otro idioma, no son capaces de escribir una página sobre el proceso de la globalización y sus efectos, hasta en la hora guía carecen de formación, desconocen su historia como pueblo, no pueden mencionar cinco nombres ligados a la formación del costarricense,detestan leer, pensar, preocupados en su mayoría por usar ipad, ropa de marca, ir a cuanto concierto haya, sólo muestra de la realidad educativa, hay que abordarla volviendo al que, al para qué y como debemos educar a la nuevas generaciones. Educar es más que dar instrucciones, aunque Piaget, los ejes tranversales, y cuanta teoría recetemos, no funcionarán si no construimos socialmente le educación que ocupamos y eso es tareas de nosostros los especialistas de las aulas, no de los doctoritis de galaxias desconocidas.
Completamente de acuerdo en que los muchachos no están saliendo bien preparados, y yo sí culparía a los maestros …. ! No es posible que en la escuela ni siquiera aprendan a construir una tabla de multiplicación, ahora se les permite utilizar una impresa para no obligarlos a pensar….Muchos maestros de escuela utilizan aún el “pobrecito….” y de esa manera les regalan el año a quienes no saben leer ni escribir. Para muestra un botón, a estas alturas del año ya todos pagaron el título de VI y hasta el baile de graduación, y a las maestras guías se les parte el alma de pensar que alguno se vaya a quedar.
Si la escuela en primero y segundo grado fuera diferente otro gallo cantaría. Es en estos dos años en donde realmente se adquieren las bases para la lectura comprensiva, las materias de Ciencias y Estudios Sociales no deberían ser evaluadas en esos niveles en forma aislada, deberían integrarse las cuatro materias. Ahhh, y ahora por estar recibiendo Cómputo, se les quita una lección de Español y otra de Mate. Un alumno que aprendió a leer y escribir bien va a poder inerpretar mejor un problema matemático, y si aprendió correctamente las operaciones fundamentales, va a poder entonces aplicarlas a problemas de razonamiento. En vez de tener en las escuelas esos dis que COMITÉS DE APOYO, debería pagársele a cada docente para que de recuperación a los alumnos. Nadie mejor para darles la atención que se requiere que el maestro de aula, las maestras de Enseñanza Especial que trabajan en las escuelas ahora se dedican prácticamente a aplicar exámenes en recinto aparte, pero no atienden realmente las necesidades que el maestro de aula identifica en cada alumno! Ahhhh…y hay que ser realisatas, el profesor de secundaria no tiene la paciencia que tiene el maestro, por loq ue en primer año,ninguno comienza desde cero….parten del hecho de que TIENEN que saber las operaciones fundamentales y si no las saben….salados los estudiantes porque nadie va a detener el bus en que se montaron!!!
Don César y compañeros. Soy profesor pensionado. En mi vida activa como docente, me tocó vivir un poquito este desorden del que se habla y describe muy bien este artículo – y eso que no había adelantamiento y esas cosas que han llevado a una deserción flotante – y la parte administrativa recurría a la docente para que ayudara con los horarios y así superar estos baches. Pero donde me parece que se desvía el asunto, es que en el artículo se defiende tácitamente el período de los 200 días. Si se quita esa exigencia, ¡cuántas cosas se pueden arreglar!. Lo primero que tengo que acotar es que – como todos lo sabemos – los 200 días son una farsa. No se cumplen, nunca se han cumplido y me parece que nunca se cumplirán. La primera falla está en el desorden que indica don César y en el artículo no se hace referencia a lo que pasa al final del año, donde se trata de mantener a los alumnos “a la fuerza” para cumplir los cacareados 200 días (con talleres, repasos y no sé qué otros parches que tampoco se cumplen).
Si se eliminan los 200 días, la segunda prueba de aplazados se puede hacer en febrero tal como se hacía en tiempos pasados y se tiene todo el mes para acomodar las cosas e iniciar el curso lectivo en marzo, en absoluto orden. El curso se extenderá hasta el 30 de noviembre de tal manera que una semana antes terminen todos los exámenes, incluyendo los de undécimo. Las pruebas de Bachillerato se harían la segunda semana de diciembre. El MEP debe organizar todo lo referente a esas pruebas. La primera semana de febrero se conocerían los resultados y las apelaciones de Bachillerato y todo quedaría listo para iniciar el curso en marzo.
¿Y las universidades? Que inicien el curso en marzo, como se hacía antes. Tienen tres semanas de febrero para inscripciones y demás detalles, ¿o acaso están incapacitadas para hacerlo?, ¡que se organicen internamente sin presionar a los liceos!
Recuerden que los liceos no son entes al servicio de las universidades. Tampoco el MEP. Ellas tienen que organizar el curso ajustándose al momento en que la secundaria tenga todos los resultados y no a la inversa. Ahorita se atreven a presionar y eso hace que los muchachos de bachillerato presenten sus exámenes mucho antes de terminar el curso, para que las universidades tengan todo listo con tiempo. Observen, ellas piden tiempo a costa del tiempo de los profesores de secundaria, que se ven impelidos a correr con tal de acomodarse a esa exigencia, ¿por qué?. Démosle vuelta al modelo: que las universidades se ajusten a la dinámica de las instituciones de secundaria y no éstas a aquellas.
No estoy de acuerdo en que se suprima la segunda prueba de aplazados. Así como hay alumnos vagabundos que se la pasan perdiendo el tiempo durante el año, apenas salvando no quedarse en cuatro materias, hay otros que realmente les cuesta y deben dosificar el estudio para ganar unas materias en primera convocatoria y otras en la segunda.
Un amigo mío que trabajó en Canal 13 (hoy está pensionado), cuando llegaron las pruebas de Bachillerato sabía que, por el tiempo libre que le dejaba su trabajo, no podía prepararse a conciencia para todas las pruebas. Él presentaba Bachillerato en Ciencias (otro tema que vale la pena analizar dentro de la diversificación supuesta de la educación en cuarto ciclo) y decidió prepararse a conciencia en todas las materias, excepto en matemáticas. Dejó matemáticas para la segunda oportunidad. Hizo el examen (por si acaso) pero lo perdió. Luego, para segunda convocatoria, lo ganó sin problema. ¿Observan la dosificación? Considero que, si solo un estudiante decide responsablemente perder una materia porque le es necesario dosificar su avance, vale la pena mantener la segunda prueba de aplazados.
Con todo respeto, don César; pero aquí cabe la expresión que tenía mi padrino a la cual le voy a cambiar alguna palabrita que permita mayor elegancia, usted(es) sabrá(n) ajustarla. Él decía: “No pongamos un sombrero sobre el excremento”. La propuesta de don César constituyen un sombrero muy elegante; pero lo está colocando sobre los 200 días que son la otra parte que, por más elegante que sea el sombrero, no dejará de existir.
Un abrazo a todos.