Festival Estudiantil de las Artes… el camino correcto.

Sea cual sea el país, ubicación ideológica o experiencia pragmática, cualquier(a) soñador(a) de una nueva educación establecerá, como elemento vital de la transformación social y pedagógica de las escuelas y colegios, la inserción integral de las manifestaciones artísticas como medio y objetivo de los procesos pedagógicos.

Y eso, justamente eso, es el proyecto del MEP llamado Festival Estudiantil de las Artes. Aunque hay que reconocer que en principio este proyecto logra su desarrollo oficial gracias a las sensibilidades de Leonardo Garnier y Dyala Calderón, ambos le dan el impulso político, también es cierto que hay una increíble cantidad de agentes “invisibles” que están construyendo este proyecto con su esfuerzo, desde los y las encargados(as) en oficinas centrales, hasta los y las docentes y estudiantes que se organizan en sus centros educativos para formar los grupos artísticos.

Es cierto, al programa o proyecto le faltan muchas cosas, entre ellas mayor sistematicidad, acompañamiento a los grupos artísticos sistemático y estructurado y recursos físicos y humanos para maximizar los logros institucionales, regionales y nacionales, pero nadie debería ser tan mezquino como para no reconocer el esfuerzo institucional y personal (cada estudiante y docente) para levantar este proyecto.

Y es que, si me permiten ser incisivo, mal haríamos en evaluar y criticar este programa a partir de los números de asistencia, participantes, recursos y personal. Eso es importante pero no es lo más importante, pues al ser un proyecto cultural debe ser evaluado desde lo cualitativo de su aplicación. Para decirlo más criollo, aunque puedan faltar recursos y sistematicidad, el proyecto está logrando cambiar una cultura institucional del MEP, marcada por la desvalorización de las actividades artísticas, deportivas y culturales en general.

Así pues, estamos ante la primera etapa de un proyecto cultural, la cual siempre será enfrentarse ante los viejos paradigmas institucionales (rechazo o desvalorización de las muestras culturales) para ir creando una nueva cultura que reconozca la importancia de estos procesos culturales como elementos inherentes del proceso educativo. Es decir, no sólo es abrir una oficina y darle recursos para ejecutar el proyecto, es lograr que las personas se empoderen y asuman este proyecto como algo cotidiano de su accionar, y eso se está haciendo con los recursos actuales, pues simplemente se está institucionalizando las acciones que  ya venían realizando, en forma espontanea, estudiantes y docentes.

No podemos medir el valor que implica este proyecto en la cotidianidad de los y las estudiantes que ensayan cada semana, que se pelean tratando de coordinar su acción artística, que comparten y construyen solidaridad haciendo una colecta para un pan con mantequilla y un café, que se auto organizan para pagar trajes e instrumentos, en la ruptura de miedos cuando se enfrentan a públicos masivos como sus presentaciones en el Mélico Salazar o en el Estadio Nacional, eso no lo podremos medir y, por suerte y lastimosamente, es lo más valioso del proyecto.

Lo anterior es la prueba pragmática más importante de una visión que ha tenido la administración de Leonardo Garnier y que debe ser valorada como el mayor aporte de su gestión al sistema educativo nacional: la reconceptualización de los centros educativos como centros de convivencia e interacción humana.

Durante décadas nos centramos en la visión de los centros educativos como simples depósitos de personas para interactuar con un docente a cambio de la acumulación de conocimiento, pero eso está cambiando paulatinamente, tal vez más lento de lo idealizado pero más rápido de lo pensado hace una década. Se expanden las actividades artísticas y se institucionaliza el Festival, se procura cambiar la cultura institucional de interacción (regida por límites, imposición y centros de poder) por una cultura de convivencia, proyecto ya sistematizado y que dio sus primeros pasos con el Cole en nuestras manos,  se crean programas de atención a las problemáticas institucionales (centros de mediación) e impulsa la reconceptualización de materias claves en estas nuevas dinámicas.

Esto no significa, bajo ningún criterio, que los programas estén ayunos de críticas y de necesidades de mejoras imperiosas pero si debemos de reconocer que los objetivos de una educación progresista  o una nueva educación encuentran puntos comunes con este proceso de replanteamiento de los espacios escolares y las manifestaciones artísticas como objetivo y medio pedagógico.

Por todo esto, no podemos permitir que el FEA, el programa de Convivencia y los demás proyectos de impacto cultural en los centros educativos pasen inadvertidos, debemos resaltar su existencia, aplaudir sus aciertos, criticar sus deficiencias y proponer mejoras, así como analizarlo dentro de las macro políticas ministeriales, proyectos culturales de Estado y las ambiciones propias de una utopía por una nueva educación.

Estos programas no deben ser sometidos a la indiferencia ni el silencio, pues implica invisibilizar, al fin y al cabo, a los y las miles de estudiantes y docentes que están construyendo esta nueva cotidianidad educativa y, sin querer queriendo, ofreciendo salidas, soluciones o alternativas a la violencia institucional y social, la deserción, el desprecio a los centros educativos, la individualización salvaje, etc.

Con estos proyectos vamos por el camino correcto, mejorable como todo, pero vamos por el camino correcto para ofrecer una educación integral más pertinente para nuestro estudiantado.

Un abrazo

César Toruño

Acerca de Sortilegios Educativos

Este es el sitio oficial del proyecto Sortilegios Educativos además, el sitio servirá para la difusión de reflexiones sobre la realidad educativa nacional y regional, desde una pedagogía crítica, difusión de proyectos (propios y de otras organizaciones) para la construcción de una educación alternativa, la generación de debates e intercambios de opiniones sobre la realidad del sistema educativo costarricense, entre otros.
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2 Respuestas a Festival Estudiantil de las Artes… el camino correcto.

  1. Ana María González Chaves dijo:

    Las actividades lúdicas y artísticas son indispensables en el proceso educativo. En el Liceo Nocturno de Paraíso, lugar donde laboro, una vez al año se realiza un festival de talentos quetodos, estudiantes y docentes , disfrutamos muchísimo. Lo que hace falta es más tiempo para ensayos y preparación; por eso es importante que se vuelva a las lecciones de clubes ; pues por la exigencia del cumplimineto de los programas del MEP es imposible dedicarle mucho tiempo a esas actividades, máxime en un colegio nocturno. La iniciativa es muy buena , es un buen comienzo, adelante.

  2. Luisa Alvarado Montero dijo:

    LENGUAJECOLOR, es una respuesta de la necesidad de enseñar a leer utilizando el arte.
    Lenguajecolor es escritura en colores, nació como un estado de necesidad de producir una herramienta que me permitiera enseñar diferente, a niños y niñas que aprenden diferente.
    Lenguajecolor, nació en el año 2004 y a ido dejando a su paso, muchos niños y niñas triunfantes ante la dificultad que presentaban.

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