Liliana
La profundidad del silencio
azota este rojo atardecer,
con sus breves destellos de luz
quemante de sombras y objetivos,
solo sobrevive la luciernaga en llamas
danzando como estrellas sin tu mirar,
los suspiros de fuego extinto
se extienden por toda la habitación,
tus pasos me arden en la piel
y tus adioses son llagas en mi sonrisa,
lo infinito de este dolor
no es la oscuridad ni la soledad
es la ausencia de las chispas de tu alma
cayendo en las ramas secas
de mi ser