Los “te amo” que me has hecho silenciar
atragantan mi alma,
los recuerdos someten la alegría
y destruyen los perennes sueños del porvenir.
Pero aquí sigo, convertido en espejo
de ilusiones y desesperanzas,
bufón sonriente de una sociedad
que ignora mis emociones
y admira mis silencios entre cortados.
Extraño las pausas de cipreses,
el murmullo de la lluvia en los techos
mientras nuestros abrazos consumían atardeceres
extraño esa sensación de eternidad
en mi alma cada vez que tus suspiros
interrumpían a la realidad.
Tu olor me acompaña junto al recuerdo
de nuestra respiración de alas colibrí,
cada día tu mirada me vuelve en sueños vespertinos.
¿Qué hago con estos sentimientos?
sólo puedo decirlos entre cortados
en la música de Silvio o tal vez pueda llorarlos
en aquel viejo libro de Márquez.
No hay peor sensación que la agonía
de un sentimiento incapaz de ser compartido.
Tal vez, caminando junto a golondrinas del ayer,
te des cuenta que aquella sombra
que tratas de ignorar simplemente mendiga
migajas de sonrisas y cortesías del amor no correspondido.
Acaba el día,
otro maldito día.
tendré tiempo para soñar contigo
y así obtener fuerzas para el teatro del aparentar
de mi cotidianidad,
comienzo a pensar que estoy loco,
que debería ser otro
que debería destruir mis emociones
para implantar el puto racionalismo
pero no puedo, pero no debo
por ser espejo de ilusiones.