Beso tu silencio
plasmado en febrero,
me asfixio de vainillas
y sedientas fresas,
ya no sos ni existes,
sentado en ésta esquina,
te suspiro en cipres
y zacate recién cortado.
Se han suicidado diez mil hojas
desde aquel viejo siete,
ya los bambúes no hablan
ni las aves recorren la piel,
ya no sos ni existes
pero te siento tan real,
cubierta de flores dicembrinas,
de carteles en claros y oscuros
y utopías de salida,
seguramente es el espejismo
de la oscuridad de media noche
tal vez sea la luna y el mar
o simplemente un deseo
que no muere en los límites
de la indiferencia y la verdad.