Me dices que tienes miedo
de enamorarte y entregar tu alma,
que una jugarreta de la voluntad divina
insiste en cerrar puertas y opciones,
y que las voces de un noviembre son perennes.
Me dejas en una encrucijada
donde no existe frase correcta
ni oración deslumbrante
que conmueva a dioses y corazones
y destruya los temores.
He de confesarte,
en confianza misteriosa,
que tal situación no me desvela,
y antes de que susurres un por qué,
dejame explicarte
Hoy descubría la receta mágica
contra muros, miedos y dioses,
es mezclar amor con insistencia de mil soñadores,
los suspiros acumulados y la necia esperanza
del girasol esperando el amanecer.