Lloró eternamente
sobre su flor de ayote
arrancada por mano vil
y secada por cruel realidad,
acurrucada a su lado
deslizó sus manos
entre pétalos y aromas
tratando de revivirla
y cosecharla sin complejos,
banalidades ni sobresaltos,
sus lágrimas la empaparon
hasta que sus amarillos colores
se desangraron en su piel,
era un ritual de despedida
y reencuentros,
en medio de aquel platanal
alguien lloraba a su flor
arrancada por mano vil.