Dios me ha escupido,
si, aunque parezca difícil de creer,
Dios me ha escupido,
no le fue suficiente jugar a los dados
con mi esperanza y mi futuro,
enviarme a sus zopilotes
para prohibirme el placer
y el pensamiento,
ni siglos de manipulada fe
cruzadas sociales contra mi felicidad
y mucho menos el cumplimiento
de absurdos rituales,
de bautizos y galletas suizas,
de diezmos y lenguas,
de danzas y doble moral,
No le bastó con ser omnipresente
todo poderoso y creador de mi destino,
convertirme en títere se su teatrito,
y vasallo de consignas absurdas.
Dios me ha escupido,
y lo absurdo no es su fría saliva
recorriendo piel y sentimientos,
lo terrible es la incógnita de ser
insultado o privilegiado.