Háblame río sonoro de recuerdos,
despiértame sudoroso, somnoliento,
¡vamos! Sin miedo estréllame el ayer
sus brisas y sus manantiales,
desnúdame sin verbo ni milagro,
ven, hazlo ya, justo ahora que escribo
eta fe de erratas de mi vida,
justo ahora que ha circulado la noticia
de los altares vacios ante la muerte
de dios y mil arcángeles
en un atentado suicida
cometido por un Jesús en el autobús.
¡Vamos! Destruye la poca esperanza
y esta terca resistencia cotidiana
que sobrevive en espera de esa luz
entrecortada de mi ventana
que jamás será transmitida
por la televisión nacional.
No finjas piedad,
vos que en tu maldita marcha
viste morir cien almendros,
vos que junto al camino exumaste flores
y fuiste testigo de oficio
en novenarios a cigarras
destempladas y enterradas,
¡Vamos! Rodéame de mil y una tempestad
hunde mis huellas en el olvido
y has desfilar mi carne desahuciada
por la avenida de ceniza
convierte en moho mis palabras,
en rocas mis lágrimas,
en suspiros mi sangre,
pero hazlo ya!
Ahora, sin piedad ni contemplación,
hazlo, te lo imploro,
que mi único sufrimiento es despertar
cada día sin el valor para hacerlo yo.