hermano,
no os dejo,
simplemente nunca existí
detrás de aquellas esferas
cálidas de mi mirada,
es cierto,
os juro,
nunca obtuve paz,
bendición, amor ni felicidad,
simplemente fui una sombra
enclavada en los azares de la suerte
exiliado de mis lágrimas,
así transcurrió ese breve destino
que hoy llamas existencia,
nunca fui,
he de aceptar,
más que eco de tu compañía,
poblando, día a día,
de desiertos mis pasos
asfixiando palabras sentidas e inoportunas,
suplicando gaviotas en azoteas
simplemente era eso,
era nada y mucho menos,
un objeto perdido en el universo
añorando la unción eterna
de un despertar de libidos marrones,
os pido me perdones,
no por desaparecer en este umbral
de pesares cotidianos sino,
sobre todo,
por nunca haber sido más que una brisa
jugando en la hojarasca de abrazos patentados
y no digas más,
hermano,
tu dolor es el mío y mil veces más,
es mi pasión sin divina crufixión,
no lo dudes ni por un instante,
pues hoy que soy espíritu sin recuerdos
sólo puedo reflejar la tristeza del abortado
en los vientres de la ciudad
por eso no te despidas,
no me llores,
no me extrañes
ni me recuerdes,
pues nunca fui digno de los pensamientos
de algún dios huérfano de proyectos
ni de amigos que escuchan estas plegarias
Me encanta como transforma la esencia de su ser, hablando de lo humano, para luego, sin embargo demostrar que así simplemente vives, pero aún simplemente fuiste, o pensaste ser.
La perfecta melancolía.