Siembro veraneras
en la cerca del alma,
deseo ocultarme
en sus violetas,
blancos y rojos,
posarme entre nidos
y raíces de higuerón,
recostarme en el zacate
humedecido por
vírgenes pastoras,
contemplar la tenue
complicidad de flores
frutos y mariposas,
ser un níspero redentor
huyendo de recuerdos
y yiguirros,
pero aquí estoy,
con el alma urbanizada
de ruidos y realidades
sin esperanza de enverdecer
el destino.