El norte escupe sus alisios
en nuestros huesos,
breves destellos de luz
rompen las cúspides de la cordillera
sin detener la triste y misteriosa
marcha de las nubes al sur
todo lo contemplo
en este San José vespertino y agotado,
con sus avenidas sobrepobladas
de mugre y cuerpos chocantes
todos corren hacia ninguna parte,
la tardía y la bondad se castigan,
duramente, en esta capital,
las miradas tiernas y los suspiros
están en peligro de extinción
en esta podrida ciudad
el capital solo permite sentir
puramente dos elementos,
la lluvia tenue
y melancólica de noviembre
y la brasa del miedo
a nuestros semejantes.