Algunos eruditos de lo cotidiano,
sobreviven foliando sentimientos
en sus diarios de represión,
olvido y complicidad,
derrotados se hayan sumergidos
en las aguas sinuosas de la bondad
tan descaradamente aclamada,
saborean lo agrio cual dulce lágrima
de dios arrepentido de sus funciones,
nos ilustran sobre la fertilidad de la ignorancia
para trasplantar felicidades
Hoy que los veo transparentemente
y escucho su ruido destructor de esperanza,
espero las tormentas sociales
que asolen su existencia
sin piedad ni perdones,
las espero aquí, sentado en esta vieja banca,
confiado, sereno y sincero.