El puto mundo se cae a pedazos
y yo aquí marcando el paso al ritmo de la mariposa,
inhibiendo al niño y auspiciando al reflejo de espejos sociales.
Mi corazón gotea tristezas en el desierto de una sociedad
que no se detiene a ver miradas ni sonrisas,
mucho menos los pesares de un quijote del siglo XXI.
Con rápido andar por la avenida,
los seres se pierden de la magia del contacto,
se vuelven máquinas del consumo
deseosas de encontrar una felicidad medible
en colones, calorías, orgasmos
y cuanta estupidez nos deje el postmodernismo.
Incapaces de comunicarnos,
día a día mueren miles de sentimientos
en los abismos de la soledad entretejida en la monotonía
de unas vidas marcadas por la tele, radio e Internet.
Mueren miles de abrazos deseados y necesitados,
miles de sonrisas y lágrimas son abortadas
en el altar del aparentar
nuestros rostros pierden la luz de la vida.
¿Cuánto podrá soportar nuestro humanismo?
¿Cuánto tiempo más podrá soportar nuestra alma
y nuestro corazón antes de ser abatidos
por las balas del consumo y lo superficial?