No entiendo tu sucio hábito
de palabras elegantes y complejas,
esa forma de racionalizar la emoción,
esos verbos finamente estructurados,
adjetivos tecnificados
y esa palabra de domingo.
Amor, odio, tristeza,
mierda, día, flor,
yo, tú, él y ella,
todo están complejo en tú boca,
bellas palabras de un muro emocional,
una lengua que no prueba las mieles
de la simpleza humana,
no hay perdón a tu lapidario hábito
de ser tan asquerosamente académico,
tan vomitiva racional,
tan maldita máquina moderna,
y ahora que no entiendes mi queja
ni mis suplicas,
simplemente guarda silencio
y contéstame sin hablar.