Sólo quería construir
un riachuelo de felicidad
con manantiales de verdad
y aceptación
sería un oasis de plateada esperanza
en este desierto de cotidianidad
eso quería construir,
eso necesitaba construir.
Llevo años de alquimista
buscando esa mezcla perfecta
ser y sociedad,
comprensión y resistencia,
silencios y gritos,
mezcle mascaras sociales
y ritmos del alma,
canticos de mi corazón
silencios de bosque nuboso,
incluso mezcle a Dios
con rituales de domingo
pero hoy descubrí,
al mezclar tu dulce voz
con la eternidad del abrazo
que la felicidad no se construye,
simplemente se descubre.