Han lloviznado roble sabana,
la acera está inundada de pétalos rosados
y yo simplemente me sumerjo en ellos,
sin destino recorro el camino
sólo huyo de tu parásita alma
y esa sucia mirada,
me das asco
con esa sonrisa perdida
con tus flores y tus dioses
de mercado y televisión,
tu cuerpo, altar del consumo,
se me revuelca en la memoria,
mis manos aún tiemblan
con la vergüenza de haberte tenido,
desearía exterminarte del todo y la nada
sepultarte en lápidas eternas
y borrar tus pisadas de mi destino
pero sos una mala hierba extensiva
posesiva de recuerdos,
maldigo la hora en que te encontré,
el día que me entregué
y el día que me perdí,
maldigo mi alma débil,
mi vestimenta cruel
y tu inolvidable ser