En cada calle de barriadas
olvidadas y reprimidas
corren sombras de niños
pintados en colores
gris esmog,
no sonríen ni sueñan,
sólo sobreviven en la hojarasca
de sociedad de mercado,
de nada tienes y nada vales,
sin dios protector ni iglesia solidaria,
sus santuarios son los bunker
que los evangeliza en olvido
distracción y violencia,
sancionados por la indiferencia
y presos de sus recuerdos,
corren sombras de niños,
de los que fueron seres humanos
hasta que el mercado los excluyó
corren sombras de niños
que oscurecen el destino
de una humanidad que los negó
y los dejó huérfanos de esperanza.