Tu sequedad es éxtasis de lo profano,
cada hoja marchita resuena en el inconsciente
hasta resquebrajar censuras sociales,
envolverte es un rito sagrado,
se bendice la ilegalidad y su dulce sabor,
se sacraliza el ahora y las palabras,
unges la garganta de agrio olvido,
tu humo quemante de praderas
se extiende hasta adueñarse del recuerdo,
bendito es tu fuego, tu aroma,
tu verde musgo silenciado
y ese sacro papelillo que te acoge,
alabado es tu nombre entre vivos
sin complejos ni miedos,
entre justos y conscientes,
milagrosa es tu esencia
vuelo sin alas, camino sin moverme,
sueño sin destino, vivo sin mañana,
mi boca es tu santa iglesia,
tu humo es mi añorada redención
y tu ausencia los clavos en mi cruz
Que tus hojas estén con nuestro espíritu
por los siglos de los siglos,
amen, amen, amen.