EDUCACIÓN Y TECNOLOGÍA: a los 40 años de algunas voces resonantes en América Latina.


Dago Núñez Picado (Investigador UNED)[1]

Versión Word

“Existen preguntas sin respuestas, que son el espíritu de la ciencia y el sentido común hecho inquietud. Existen respuestas sin preguntas, que son el espíritu del arte y la conciencia divina de las cosas.”  (César Vallejo)

INTRODUCCIÓN

MARSHALL McLUHAN en su GALAXIA GUTENBERG (Génesis del  ”Homo  Typographicus”: http://rai.ucuenca.edu.ec/facultades/filosofia/expresion/recursos/Mcluhan_-_La_Galaxia_Gutenberg.pdf.)  tira una poderosa primera piedra tomada del naciente camino tecnológico y el impacto hace trizas del débil techo de las culturas escolares desde el momento hasta la fecha.   Ya han corrido cuatro décadas de aquel momento y las callejuelas se han convertido en pistas digitales cada vez más y mejor enredadas

Y es otro maestro quien me lleva a recordarlo: De Oliveira Lima Lauro (1971): El es uno de esos filósofos de la educación cuya utopía se prende de McLuhan como  de una de sus primordiales luces; sus palabras son saetas de penetrante visión de los hechos más relevantes para América Latina; tal y como lo describe Olivero de Lima, en su pequeña y profunda obra[2],  los mismos prosaicos asuntos con los que chocamos de cara, cada sol, todos los mortales, son para ellos rayos de inagotables luces. Tanto De Oliveira como McLuhan,  filósofos, beben de esa viva tradición, que no por histórica deja de entonar su canto desde cierto aire propio; para ellos educarse es un arte y en los términos en que lo poetiza Vallejo (ver frase inicial), educar no puede ser otra cosa.

Desde América Latina, De Oliveira tomó nota y de forma igualmente impactante hizo de la idea de McLuhan (el Planeta se está achicando gracias a las nuevas tecnologías de la información) un recurso para pronosticar su futuro que es hoy y aquí; señalar que la educación en América Latina era un río desbordado que iba “haciendo aguas” por todas partes como pequeño bote que apenas sobrevivía en corrientes profundas de la que no sabía (ni sabe) casi nada.

Ambos hablan de una re-tribalización pues en la aldea tribal no existía escuela: todos –especialmente los viejos- se educaban mutuamente por medio de la abundancia de la comunicación –conversación- y se pronostica que en el futuro próximo (escribe en los años setenta del siglo pasado)  “cada centro difusor –de conversación- funcionará como un instrumento social de educación que funcionaría como centros de integración (escuelas como núcleos de sistematización e intercambios).

Oigo que no se ha cumplido la profecía.  ¡Bueno!, en buena parte es cierto porque no todos estamos tan enredados como deberíamos. Pero, por otra parte, precisamente por eso una cuestión se impone: en vista de que ya nadie –medianamente cuerdo- sostiene que la educación conocida y practicada en nuestro país, tenga algún futuro, y  -como lo dijo De Oliveira hace cuatro décadas para toda América Latina – en vista de cambios vertiginosos en el campo tecnológico otra cuestión la misma cuestión nos desafía:

¿Cómo vamos a hacer para que la escuela sea un centro difusor (de conversación ligado a los hábitats creativos) que se abra espacios laborales de punta, donde dialoguen –en redes de redes-  centros en procesos de creación y de integración, en una dinámica efectivamente democrática?

Para completar cierto panorama nada original retomo del  filósofo agentino Cirigliano G. (Buenos Aires, julio 1975) su presentación de la obra de  Oliveira de Lima y así dejamos que él nos ordene la discusión:

1.-  Lauro-Mc.Luhan anuncian-pronuncian futuros: desaparecerán las profesiones tal como hoy las conocemos. Y “sin diplomas no hay escuelas”. Sin diplomas no hay profesiones. El diploma, condensación sagrada de todas las simulaciones académicas, llegará a desaparecer porque representa a un conjunto acabado, terminado, fijo, estabilizado de saber, que se supone con valor imperecedero. Pero el saber es dinámico, cambiante, y esa movilidad del saber origina la condena del diploma, cuya única razón de ser está en la certeza de un monto fijo de saber-capital”.

Partiendo más de lo que aporta la tecnología –que de una supuesta imposibilidad intrínseca de la educación- se viene un tipo de innovación educativa sin precedentes, venciendo la profesionalización –ya vencida por la saturación del mercado de puestos- y a la tecnocratización de planes y currículos (los sagrados planes convertidos en ídolos), y afirma que “al derribarse las fronteras entre profesiones, desaparecerán los especialistas individuales, dando paso a los equipos que funcionalicen en su seno los aportes individuales”.

El satélite permite saltos, la tecnología puede ser un instrumento para una transformación que no sea producto de los meros objetivos tecnológicos sino de nuevos objetivos humanos. Los cambios surgidos por la invasión de una tecnología redefinen la relación entre profesor y alumnos; cae el verticalismo, pero no por  el habitual enfoque del cuestionamiento ideológico sino por la presencia de una tecnología que transforma la realidad y por un uso inteligente de esa nueva realidad.

Al transformarse la relación educador-educando desaparece el profesor en nombre de las necesidades de saber (es) que les es común: lo que devuelve a todos a la función de aprender a educar-se. El alumno investigador responsable desde su propio proceso, planetariza, comuniza el saber, desde su espacio microcosmos-socio-laboral-creativo. La tecnología en su avance ha llegado a un recodo sorpresivo e inesperado a su pesar: una sociedad nuevamente primitiva, como todo parto la tecnología nos brinda “una sociedad desnuda” en sus albores.

2.- Un retorno de lo educativo desde el ámbito deliberativo, eso pronosticaban Mc. Luhan y De Oliveira: desaparece por consiguiente la escuela “per se” y reaparece la educación con sentido “del hacer”, sin las estrecheces de aquella mera abstracción sin objeto y con el estímulo de la creación: aprender a aprender, como una cadena de aprender haciendo, sin renuncia al pensamiento. Se termina la escisión trabajo-ocio, toda la vida es educadora, desaparece la privatización del conocimiento. Y mientras estos profetas denuncian el típico ritualismo formal de la enseñanza actual y su aspecto neurótico, ven el surgimiento revitalizador de una educación que emerge de las realidades no escolares, vuelve a la situación artesanal como posibilidad de creación.  Las situaciones sincréticas, a-didácticas, sacan la cara para que la enseñanza no sea más una especie de bote sin motor. Para que el saber sea experimento, experiencia y no pedagogismo.

Illich –nos recuerda Cirigliano- denunció la escolarización con un cuestionamiento a su institucionalidad: la escuela se ha convertido en petrificación (monopolización) de respuesta a un problema humano, la necesidad de crear y recrear conocimiento. Los rituales que consagra la escuela, la canonización de su saber, la oficialización de sus procedimientos con la santificación de un oficiante; eso salta hecho añicos en el momento en que desaparezca, la privatización del conocimiento, en un nuevo contexto en que el saber se debate a disposición de todos los que participan efectivamente; mediante acceso a un teléfono, una radioemisora o un ordenador conectado a la red digital, los humanos se hacen mejores porque deliberan. Hecho público el saber especializado está disponible, sin cortapisas: la avanzada tecnológica de la comunicación e información –vía accesibilidad- pone al mundo de nuevo en sus albores: cuando las computadoras sean de uso cotidiano PARA TODOS Y TODAS, quienes aprenden con ellas dejarán de ser tratados como computadoras; esto es, cerebros-depósito, al estilo de las cuentas de banco, en la imagen que Freire consagró cuando denominó a este hábito “educación bancaria”.

El profesor sólo habrá de proponer problemas, no soluciones. Desaparecerá el graduado. Existirán múltiples planes de estudio, inéditos modos individuales de exploración de conocimientos estimulados por las necesidades materiales y espirituales.

Lauro Olivera de Lima cuestiona, a fondo,  el modelo de “escuela-recinto” que al cerrar su cupo y puerta de entrada, cierra posibilidades educativas: la escuela privativa de los profesores dará paso a otra redefinida, complementaria y no expoliadora, servicial, y nunca más monopólica.  Toda realidad y especialmente el trabajo integral –al que la escuela despojó de su poder educador- se harán centro educativo: el trabajo creativo será razón de ser y verificador (único examen válido) del saber y su profundización social.

3.- Quiebra del esquema economicista que asfixia cualquier otro poder:  Entre las lucideces –vocacionadas de cierto delirismo- los autores ven a los países subdesarrollados desde un lente esperanzador, pronunciando que en ellos “la educación es quizá la única oportunidad de futuro”, el proceso escolar en países con débiles estructuras institucionales previas, encuentran en la educación su fuerza; convierte su debilidad institucional en vitalidad renovadora, siempre que estas instituciones modernizantes, liberales, ricamente profesionalizantes, no condensen rémoras, tan difíciles de erradicar, como son la burocratización nacida del formalismo pseudo-democrático.

Cirigliano hace la observación de que los países subdesarrollados tienen en su contra los límites que impone el estilo de desarrollo de los países centrales (ya el Neoliberalismo de hoy, estaba sembrado en países como Chile, por la vía dictatorial). “La sociedad y la educación tendrán futuro si unidos intentan recuperar el control y la conservación de sus riquezas y materias primas y enfrentan las agresiones imperiales que la necesidad de materias primas y alimentos hoy desatan.

CIERRE

Pronunciar futuros –a ejemplo de los autores citados- podría realizarse a lo Saramago (ojalá tuviéramos su visión y arte) y los datos desgraciadamente no nos faltan;  por ejemplo, estamos parados en la parte del planeta más desigual y eso significa que no estamos mejor que cuando De Oliveira anunciara mejores futuros, pero no quise confundir a lectoras (es) bajo datos que apaguen la necesaria llama para resortear el cambio necesario, en una especie de tributo a los maestros citados.

Educar vendrá a ser simplemente una facilitación de la creatividad, “reponiendo al ser humano en su línea evolutiva histórica”. La disección de la institución-escuela, el análisis crítico del saber certificado, las profesiones y sus mitologías encubridoras, la escisión entre el saber y el trabajo creativo, los rituales de expulsión escolar, serán el aporte de los pedagogos latinoamericanos al mundo de hoy.

Este es el núcleo de las ideas que podrán servir de base a la educación de los países empobrecidos de América Latina. Es el aporte de filósofos a este núcleo común de ideas donde se cumple el mejor papel que debemos saber jugar, se ofrece aquí como un pensamiento que distingue, por la personal y sobre todo por su intrínseco sentido social como una sensata distinción y aporte que América Latina debe a la Aldea Global.


[1] Este artículo está viciado por experiencias  en el seno del Seminario de educación para un desarrollo alternativo, en la Maestría de Educación y Tecnología del Sistema de Estudios de Posgrado de la UNED-Costa Rica.

[2] Ver:  De Oliveira Lima Lauro (1971) La educación del futuro según Mc.Luhan. Vozes. Brasil.

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